Los Cintis reivindican el origen del singani de la mano de una ley

El acto de celebración de los 50 años de la Feria Nacional Vitivinícola, en la casona de San Pedro.

Página Siete.- Hace unos 450 años, religiosos españoles introdujeron la vid a los valles de Cinti (sur de Chuquisaca), lo que marcó hasta ahora las vidas de muchas familias en esa región  y trajo al país una bebida que hoy todos conocen: el singani.
“Los Cintis son la cuna del singani boliviano. El singani nació acá… No estamos en competencia con nadie, sólo debo manifestar que ésta es la cuna del singani boliviano”, dice el alcalde de Camargo, Marco Barrera, durante su discurso en ocasión de la celebración de los 50 años de la promulgación de la ley de la  Fenavit, en Camargo, el 27 de febrero pasado.
Y la región, especialmente Camargo, se constituye en la cuna del singani boliviano. Allí, desde la segunda mitad del siglo XVI, las haciendas emergieron, crecieron y se fortalecieron gracias a generaciones de familias que desarrollaron pequeñas, medianas y grandes bodegas.
¿Quién no conoce el singani San Pedro? ¿Quién no probó un singani San Pedro? Precisamente en esta gigante casona (que lleva el mismo nombre) construida de piedra al estilo colonial español, a 12 kilómetros de Camargo, fue la celebración de los 50 años de la Fenavit.
La hacienda de San Pedro hoy se ha convertido también en una enorme casa residencial de estilo colonial, erigida entre viñedos y majestuosos cerros colorados en la parte oeste y cerros semiáridos en la parte este. Vista desde la parte este, esta casa mantiene la apariencia de una enorme bodega, pero observada desde la parte noroeste, muestra la arquitectura que predominaba en las primeras colonias españolas asentadas en América.
Fue también en esta casa solariega que la Asamblea Legislativa Departamental de Chuquisaca sesionó en pleno y sancionó la ley 011 del 25 de febrero de 2011, mediante la cual se declaró el singani como Patrimonio cultural del departamento de Chuquisaca y de los Cintis.
Pero a esta normativa, que fue promulgada por el gobernador Esteban Urquizu hace ya cuatro años, le antecedió otra que significó para la región un hecho fundamental: la Ley de la Feria Nacional Vitivinícola (Fenavit), que se realiza cada tres años en Camargo.
La Ley de la Fenavit fue promulgada por el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro, el 16 de enero de 1964.  Si bien ya pasaron 51 años desde aquel hecho, la celebración de las Bodas de Oro de esa norma  fue el 27 y 28 de febrero pasado en la capital de la provincia Nor Cinti.
La Cámara de Senadores rinde “un justo homenaje y reconocimiento a la Fenavit, en su 51 aniversario, por su trabajo incesante, su aporte integral al progreso y desarrollo del Estado Plurinacional”, dice la Cámara de Senadores, mediante una declaración leída la tarde del viernes 27 por la senadora Nélida Sifuentes.
Pero los Cintis no sólo tienen a San Pedro como demostración de que son la cuna del singani, sino muchas otras empresas que se dedican a esa actividad desde hace décadas, como las bodegas Camargo, San Remo, Ocho Estrellas, Santa Lucía, Media Luna, Puruva,  San Pedro, El Rancho, a las que se suman las que elaboran vinos artesanales, como la Casona de Molina, Oveja Negra, Casa de Campo  entre otras. También están las bodegas pequeñas.
“El nombre de singani, su origen y autenticidad, es una herencia recibida de generaciones de familias cinteñas dedicadas a la agricultura y tiene un sentido de pertenencia para los cinteños”, dice el historiador Guillermo Cardona.
En este contexto, se planteó el proyecto Indicación Geográfica (IG) Valle de Cinti, que es impulsado por la Fundación Fautapo,   que “busca revalorizar y  proteger la región del cañón de los Cintis rescatando los elementos históricos, geográficos y culturales en la producción de uvas, vinos y singanis”.
El proyecto, que se gestó en  la ciudad de Camargo, abarca los municipios de Las Carreras, Villa Abecia y Camargo (de las provincias Nor y Sud Cinti de Chuquisaca) con los viticultores, bodegueros y enoturismo.
Sin embargo, ahora uno de los objetivos de la Fenavit es que las regiones productoras de uva se apropien de la Feria. “Camargo es la sede, pero las regiones productoras tienen que apropiarse de la Fenavit”, sostiene Mario Molina, presidente de esta Feria.
Hoy, la Fenavit incluye regiones  históricas como Luribay de La Paz; Cotagaita y Turichipa de Potosí; los valles Alto  y  Bajo  de  Cochabamba; el valle de Cinti  de  Chuquisaca;  y la región emergente y más joven: Samaipata en Santa Cruz.
Así, los productores consideran que esta Feria Nacional es el lugar ineludible para la cualificación de los vinos y singanis con identidad  nacional. “No  se  debe  olvidar  que  la  Feria  Exposición  Nacional  Vitivinícola establece en su estructura organizativa  el Comité Impulsor que debe involucra a las seis gobernaciones y las alcaldías involucradas”, dice Mario Molina.
La Fenavit, que ya cuenta con personería jurídica, es sujeto de créditos para emprender proyectos que fortalezcan a las regiones vitivinícolas del país. “Como senadora hemos logrado, con Mario Molina y Marco Barrera, conseguir del Ministerio de Desarrollo Productivo más de 100 mil euros a fondo perdido para potenciar al sector productivo de Cinti”, anunció Sifuentes, y el público le retribuyó con aplausos.

En 2012, los bolivianos consumieron 11,2 millones de litros de vino y 6,4 millones de litros de singani, según una encuesta de la Fautapo, una cifra muy baja comparada con el nivel de consumo percápita en los países vecinos.

Según el historiador Guillermo Cardona, fuentes de cronistas de la Colonia y la República ya mencionaban la existencia de una antigua hacienda vitivinícola en los Cintis llamada Singani. La comunidad se llamaba Singani, donde se elaboraba un destilado de uva de la variedad Moscatel de Alejandría.

“El gran historiador Gunnar Mendoza determinó la etimología y la connotación del nombre singani, cuyo origen proviene de la palabra aymara siwingani, compuesta por el sustantivo ‘siwinga’, nombre de una planta típica, y el sufijo ‘ni’, indicativo de lugar, con cuyo nombre se conocía una antigua hacienda vitivinícola ubicada en los Cintis, en el municipio de San Lucas, en el cantón San Andrés de Uruchini, que con el devenir del tiempo se castellanizó de siwingani a singani, un nombre genérico para designar al destilado de uva de la variedad Moscatel de Alejandría”.