Bolivia rinde tributo y reivindica a su heroína Juana Azurduy

Juana Azurduy

ABI.- Bolivia conmemoró el viernes el aniversario 150 de la muerte de la heroína Juana Azurduy de Padilla, recién redimida por la historia, incluso de Argentina, cuyo sable trazó el camino de la independencia boliviana en 1825.

Argentina, que este mismo viernes recuerda su Día Nacional, le ha otorgado el grado póstumo de Generala de sus armas, por su papel en la, liberación, del poder de España, de las provincias del norte.

El presidente Evo Morales ha rendido homenaje a Azurduy durante las celebraciones del 203 aniversario de la gesta emancipadora de 1809 en la ciudad de Sucre, capital de Chuquisaca, que marcó el comienzo de la revolución que en 16 años, entre 1809 y 1825, liberó Bolivia del poder de España.

Junto a Manuel Ascensio Padilla, mestizo guerrillero, rebelde al poder de Madrid, Azurduy cumplió un papel protagónico cuya gesta libertaria salió a la luz recién en 1920.

Morales visitó el jueves la población de El Villar, enclavada en las colinas del subandino boliviano, a 500 km de Sucre y donde Azuduy y Padilla montaron el cuartel general de la guerrilla que luchó sin denuedo hasta liberar Bolivia, a principios del siglo XIX.

El Villar entraña episodios vitales del nacimiento de Bolivia y de las angustias de Azurduy.

Elevada al rango de Coronela por el libertador de Bolivia, el venezolano Simón Bolívar, Azurduy reunió a miles de indios que le plantaron cara, con escasos pertrechos, al poderoso ejército real de España.

Su gesta arrancó en forma en 1816, corridos 7 de los 16 años que duró la guerra emancipadora, cuando una fracción del Ejército de España detuvo a Padilla y le dio muerte sin siquiera juicio sumario.

Le cortaron la cabeza y mandaron a exhibirla en público, cerca de El Villar, en unos caseríos  que ahora llevan su nombre en el departamento de Chuquisaca.

Desde entonces, Azurduy se puso al hombro la responsabilidad de llevar a buen puerto la guerra hasta que, otros, vestidos de frac e inspirados en las doctrinas de la Ilustración francesa, formados en la academia Carolingea, tomaron la posta de la gesta en los últimos milímetros y la coronaron el 6 de agosto de 1825.

En pago a sus servicios a la patria, las autoridades de la república le dieron un cargo de portera de una escuela en Sucre.

La heroína de la independencia de Bolivia pasó los últimos días de su vida en una habitación maltrecha, durmiendo sobre un pellejo de oveja.

Azurduy pasó al ostracismo y fue a morir en compañía de la infaltable soledad y de un pariente suyo, ‘el muchacho Sandi’, el que la amortajó y pidió una colecta para mandar a sepultar el cuerpo desbaratado por la ingratitud.

Azurduy murió el 25 de mayo de 1862, pobre y vieja.

El chico Sandi pudo reunir un peso fuerte de entonces, monto con que consiguió que el cura eché unas desganadas abluciones y rezara una oración.

Ese día en Sucre le negaron apoyo para enterrarla; celebraban el Día de la Patria.

Azurduy luchó por ver emancipados a los indios bolivianos, que se alinearon en la guerrilla independentista para enfrentar a España y cuyos descendientes volvieron a sufragar, un siglo y medio después, la factura de la humillación en Sucre, que Bolivia conmemora como el Día de Racismo desde el 24 de mayo de 2008, cuando sectores elitarios de Sucre mandaron a humillar a indios campesinos que habían llegado a Sucre a reunirse con el primero de ellos en fajarse la cinta de Presidente de Bolivia, Evo Morales.

“El 24 de mayo de 2008 es la evidencia histórica de que el racismo, como expresión del conservadurismo, sigue vigente.  Es la evidencia histórica de que el racismo vive en la psicología de quienes se sueñan ‘sangre española’, purísimamente española”, afirmó el cientista social Idón Chivi.

“18 indígenas flagelados, obligados a pedir perdón de rodillas en plena plaza de la libertad, una libertad que la conquistaron indios levantiscos.  Es la señal más palpable de los mecanismos contemporáneos de relaciones sociales de dominio”, apuntó.